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June 26 Raymond Carver (O el Realismo sucio)ALGO ESTA PASANDO Algo me está pasando Algo me está pasando Algo me está pasando
EL CONTACTO Marquen al hombre con el que estoy. La tragedia está por todos lados El levanta su taza de té. Asiento. ¡Caras! Sus ojos, cruzados,
SEMILLAS
PARA CHRISTI Intercambio nerviosas miradas La sombra de un pájaro pasa El vendedor levanta el látigo & Me ofreciste las semillas que escogí. Acepto tu don aquí
EL HOMBRE DE AFUERA Hubo siempre el adentro y Pero entonces una noche afuera ¡Ese espacio fuera de la ventana La noche siguiente y la siguiente Pero entonces yo comencé a demandar más Finalmente, esta noche, toco a mi mujer despacio
MIEDO
El coche El coche con el limpiaparabrisas partido. El coche que perdió una biela. El coche sin frenos. El coche con una junta defectuosa. El coche con un agujero en el radiador. El coche por el que recogí melocotones El coche con cilindros que chirrían El coche sin rueda de repuesto El coche que cambié por una bicicleta. El coche con problemas en la dirección. El coche sin asiento de atrás. El coche con el asiento delantero lleno de desgarrones. El coche que perdía aceite El coche con el manguito carcomido. El coche que escapó del restaurante sin pagar. El coche con las llantas lisas. El coche que no tenía calefacción ni refrigeración. El coche con la tracción desalineada. El coche en el que vomitaron mis niños. El coche en el que yo vomité. El coche con la bomba de agua rota. El coche que tenía la correa de distribución como un colador. El coche con la junta principal reventada. El coche que abandoné en el arcén. El coche que escupía monóxido de carbono. El coche con el carburador lleno de grasa. El coche que atropelló al perro y no se detuvo. El coche con un agujero en el silenciador. El coche sin silenciador. El coche que averió mi hija. El coche con el motor varias veces trucado. El coche con los cabes de la batería corroídos. El coche que compré con un cheque sin firma. Coche de mis noches de insomnio. El coche con el termostato atascado El coche al que se le incendió el motor. El coche sin luces delanteras. El coche que tenía roto un cinturón de seguridad. El coche con bayetas que nunca se utilizan. El coche que abandoné. El coche con problemas de transmisión. El coche del que me lavé las manos. El coche que golpeé con un martillo. El coche al que nunca le apareció la documentación. El coche que pasó de mano en mano.
+ + Dormir Durmió sobre sus manos. Sobre una piedra. Sobre sus pies. Sobre pies ajenos. Durmió en autobuses, trenes, aviones. Durmió de guardia. Durmió en el arcén. Durmió sobre un saco de manzanas. Durmió en un servicio público. En un henal. En el Super Dome. Durmió en un Jaguar y en la parte trasera de una furgoneta. Durmió en teatros. En la cárcel. En barcos. Durmió en chozas y una vez en un castillo. Durmió bajo la lluvia. Con amapolas por el sol durmió. En la parte de atrás de un caballo. Durmió en sillas, iglesias, en hoteles de lujo. Durmió bajo techos extraños toda su vida. Ahora duerme bajo tierra. Duerme y duerme. Como un antiguo rey.
SANGRE
Éramos cinco a la mesa de juego sin contar al croupier y su ayudante. El hombre de junto a mí tenía los dados en la mano. Se sopló los dedos, dijo: ¡Vamos, pequeños! Y se inclinó sobre la mesa para tirar. En ese momento, una sangre roja brotó de su nariz, salpicando el verde paño de fieltro. Soltó los dados. Se echó hacia atrás pasmado. Y luego aterrorizado cuando la sangre corrió por su camisa abajo. ¡Dios mío! ¿qué me está pasando? gritó. Se agarró a mi brazo. Oí funcionar los motores de la Muerte. Pero en aquella época yo era joven, y estaba borracho, y quería jugar. No tenía por qué escuchar. Así que me largué. No me volví ni siquiera, ni encontré esto dentro de mi cabeza, hasta hoy.
LA CAÑA DE PESCAR DEL AHOGADO
Al principio no la quería usar. Luego pensé, no, me revelará secretos y me dará suerte que es lo que entonces necesitaba. Además, me la dejó a mí para que la usase cuando fue a bañarse aquella vez. Inmediatamente después, conocí a dos mujeres. Una adoraba la ópera y la otra era una borracha que había pasado un tiempo en la cárcel. Ligué con una y empecé a beber y a reñir sin parar. ¡El modo en que esta mujer podía cantar y seguir bebiendo! Fuimos directamente al fondo.
BAJO UNA LUZ MARINA CERCA DE SEQUIM, WASHINGTON
Empiezan los verdes campos. Y las altas, blancas granjas después de los charcos de la marea, y aquellos pequeños cangrejos listos para echar a correr, o darse la vuelta, si levantábamos la roca debajo de la que vivían. La languidez de aquella carretera del campo. Hablando de París, nuestro París. Y luego encuentras ese sitio en el libro y me lees la vida de Anna Akhmatova allí con Modigliani. Sentados en un banco de los jardines de Luxemburgo bajo su enorme sombrilla negra recitándose a Verlaine el uno al otro. Los dos “todavía no alcanzados por el futuro”. Cuando allá en el prado vimos a un joven desnudo de medio cuerpo para arriba y con los pantalones remangados, como un antiguo remero. Nos miró sin curiosidad. Se quedó allí observándonos indiferente. Luego nos dio la espalda y siguió con su trabajo. Mientras pasábamos como una hermosa guadaña negra por aquel paisaje perfecto.
EN BUSCA DE TRABAJO
Siempre he querido trucha de montaña de desayuno.
De repente, encuentro un sendero nuevo a la cascada.
Empiezo a tener prisa. Despierta,
dice mi mujer, estás soñando.
Pero cuando intento levantarme, la casa se ladea.
¿Quién está soñando? Es mediodía, dice ella.
Mis zapatos nuevos esperan junto a la puerta, relucientes.
AMENAZA
Hoy una mujer me señaló y dijo algo en hebreo. Luego se echó el pelo atrás, tragó saliva y desapareció. Cuando volví a casa, tembloroso, tres carros estaban junto a la puerta con uñas asomando entre las sacas de trigo.
DOS MUNDOS
En el aire denso con olor a azafrán,
sensual olor a azafrán, miro cómo desaparece el cielo limón,
un mar que cambia de azul a negro aceituna.
Miro el relámpago que salta desde Asia como dormido,
mi amor se agita y respira y se vuelve a dormir,
parte de este mundo y sin embargo parte de aquél.
ONDAS DE RADIO
La lluvia ha cesado, y la luna ha salido. No entiendo nada de las ondas de radio. Pero creo que se transmiten mejor justo después de llover, cuando el aire está húmedo. En cualquier caso, ahora puedo coger Ottava, si quiero, o Toronto. Últimamente, de noche, me sorprendo ligeramente interesado por la política canadiense y sus asuntos internos. Es verdad. Pero normalmente lo que buscaba era sus emisoras con música. Me siento aquí en la butaca y escucho, sin tener nada que hacer, o pensar. No tengo televisor, y dejé de leer los periódicos. De noche pongo la radio. Cuando escapé aquí trataba de alejarme de todo. Especialmente de la literatura. De lo que ella entraña, y de lo que trae a rastras. Hay en el alma un deseo de no pensar. De estar quieto. Emparejado con éste, un deseo de ser estricto, sí, y riguroso. Pero el alma también es una afable hija de puta no siempre de fiar. Y olvidé eso. Escuché cuando dijo: Mejor cantar a lo que se ha ido y nunca volverá que a lo que aún sigue con nosotros y estará con nosotros mañana. O no. Y si no, también está bien. Tampoco importa demasiado, dijo, si un hombre nunca canta. Esa es la voz que escuché. ¿Puede imaginarse que alguien piense cosas así? ¡Qué absurdo! Pero tengo estas estúpidas ideas de noche cuando me siento en la butaca y oigo la radio. Entonces, Machado, ¡su poesía! Era como un hombrecillo mayor que se vuelve a enamorar. Una cosa digna de observar, y embarazoso, además. Y llevo tu libro a la cama conmigo y me duermo con él a mano. Un tren pasó en mis sueños una noche y me despertó. Y lo primero que pensé, el corazón acelerado allí en el dormitorio a oscuras, fue esto: Todo es perfecto, Machado está aqui. Entonces me volví a dormir. Hoy llevé tu libro conmigo cuando salí a dar mi paseo. “¡Presta atención!” -decías, cuando alguien preguntó qué hacer con su vida. Conque miré alrededor y tomé nota de todo. Luego me senté al sol, en mi sitio de junto al río desde donde puedo ver las montafias. Y cerré los ojos y escuché el sonido del agua. Luego los abrí y me puse a leer «Abel Martín». Esta mañana pensé mucho en ti, Machado. Y espero, incluso cara a lo que sé de la muerte, que recibirás el mensaje que pretendo enviarte. Pero está bien aunque tú no lo recibas. Que duermas bien. Descansa. Antes o después espero que nos veamos. Y entonces yo podré decirte estas cosas directamente. ÚLTIMO FRAGMENTO
¿Y conseguiste lo que querías de esta vida? Lo conseguí. ¿Y qué querías? Considerarme amado, sentirme amado en la tierra.
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